La Habitación Roja; lo vivido nos tiene que marcar

Llega un momento en la vida, indeterminado, que cada uno alcanza en un punto diferente, en el que empiezas a asumir que vas a cargar con recuerdos. Recuerdos bonitos y recuerdos chungos; que va a haber cosas del pasado que nunca van a volver y te parece bien aunque sepas que siempre las vas a echar de menos.

No tiene que ser ese el espíritu de las canciones de La Habitación Roja, pero es el mensaje que yo interpreto cuando escucho la mayoría de ellas. Hay un bagaje vital con el que todos cargamos, a partir de una edad, y disfrutamos regodeándonos un poquito en lo que fuimos y ya no seremos, porque nos parece bien lo que hemos acabado siendo y lo que hemos sufrido y disfrutado por el camino hasta esa persona en la que nos hemos convertido. En la que nos estamos convirtiendo. Y llega el momento de celebrarlo y compartirlo, de contarlo y disfrutarlo. Pues eso fue exactamente lo que a mí me pasó el sábado 14 en la sala Noise, en Valencia, cuando el grupo de l’Eliana nos entregó su Sagrado Corazón y algunos clásicos más, a los que abarrotábamos el local.

Una de los aspectos que más le gusta a mi yo chovinista, es la constante referencia que, velada o explícitamente hace La Habitación Roja a Valencia. Sin necesidad de declaraciones rimbonbantes, ni de poesías llenas de lugares comunes o sin necesidad de destacar grandes logros ni eventos; solo musicalizando y narrando momentos que todos los que somos y/vivimos aquí conocemos bien, cuya magia todos hemos paladeado alguna vez. Por eso la Albufera de Valencia necesitaba una canción como la que abre el décimo disco de la banda y por eso nos gusta y nos emociona; porque entendemos qué nos quieren decir.

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El disco lleva ya casi un año en el mercado, y funcionando tanto en ventas como en directos. Les ha llevado a festivales, a cruzar a Latinoamérica y a girar por España hasta acabar de nuevo en la terreta, en una especie de minigira esta vez por salas de conciertos. Un año sonando y funcionando es ya tiempo suficiente para que aquellos que te escuchan identifiquen las canciones, canten las letras contigo, se emocionen porque ya empiezan a significar algo para ellos y llenen la sala de una energía indescriptible que va más allá de los vatios y las notas que salen despedidos de los bafles del local, de las cuerdas vocales y los instrumentos del grupo. Veinte años, que son los que lleva La Habitación Roja existiendo, son también más que suficientes para llegar a un concierto cargados de clásicos propios e infalibles; Febrero, La Moneda en el aire, Taxi a Venus, La segunda oportunidad y por supuesto, Indestructibles, ese tema que suena a himno, eterno hicieron saltar a los devotos musicales allí reunidos con ganas de bailar, paladear y recordar. Cosa que también lograron, claro, los “nuevos” temas. Cada uno tiene siempre su debilidad, pero por mí, mucha atención a la incursión en la música electrónica y el optimismo en You gotta be cool y al respaldo y el cariño que destila Volverás a brillar, que para mí, lo tiene todo para convertirse en otro de sus clásicos a repetir una y otra vez en sus conciertos, y en el que resumen eso que ya he dicho que me hacen sentir, “lo vivido nos tiene que marcar”.

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Un concierto que comenzó comedido, tranquilo, como tanteando al público allí reunido, y acabó descamisado, entregado y encendido. Es un lujo poder vivir a ritmo de una banda sonora como la que ofrece en todos sus temas La Habitación Roja.

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