Hoy -yo- -también- he sentido “La llamada”

Cuando no encontramos la velocidad y las piernas se clavan
cuando no dices nada entonces empiezo a escuchar.
Cuando no has tenido la oportunidad y las gafas se empañan
cuando vamos de cara, entonces, echamos a andar.
Sueño con estar por encima de todo, por debajo de tu falda
con la noche llena de luz y tu voz pausada.

Echamos a andar.

La ópera prima de Javier Calvo y Javier Ambrossi se siente de golpe, sin lubricantes ni etiquetas, así que, para contarte qué me pareció, he vuelto al principio, a la taquilla de los cines IMF.

“Por favor, 2 para el pase de las cinco”.

Y aquí -allí- estoy -estamos-; tercer asiento, segunda fila empezando por arriba.

If I should stay
I would only be in your way
So I´ll go, but I know
I´ll think of you every step of the way

Curtido de lentejuelas y desde lo alto de una escalera, Dios -sí, Dios- entona a la perfección uno de los temas más conocidos de Whitney Houston, I will always love you, tema que despierta y llama la atención de una inocente e ilusionada María Casado (Macarena García) que más que con el Altísimo esperaba encontrarse con Henry Méndez. Y como en todo acto comunicativo, si el receptor no conoce bien el código el mensaje no será eficiente al cien por cien, y entonces -aquí- en este justo momento, comprendo que <<descolgar>> va a ser un infinitivo preponderante en la película y que, de algún modo, todos aprenderemos a hacerlo al final del film.

Sé que hay algo en mi interior que me da subidón
y esta locura me hace querer ser solo tuya.
Sé, sé bien que estoy cambiando, algo me está pasando
y no me atrevo pero no quiero verte lejos.

A veces descolgar cuesta más de lo que parece y, de ahí, parte la premisa de la película, de las llamadas que nos hace la vida y que tardamos en responder o no sabemos cómo hacerlo por el miedo; un miedo que no tiene forma ni color pero que alguien se ha encargado de hacer presente en nosotros para detenernos, acobardarnos y hacernos un poco más vulnerables ante “el gancho” -solo para amantes de Toy Story-. La Llamada, en su clímax, es la ausencia de ese obstáculo respaldado por un padrino amable, simpático, afinado y abierto como Dios, pero no cualquier Dios sino el Dios del que hablan las canciones: “Dios es amor la biblia lo dice”. El Dios que acoge sin prejuicios, que abraza sin preguntas y que da sin espera. El Dios que reparte, respeta y camina entre la multitud como un igual y que, más que representante del primer partido político de la historia, es símbolo, amor y emoción. Por esto, que el Dios de “los Javis” cante por Whitney Houston, lleve lentejuelas o baile electro-latino no es una aberración sino una necesidad ineludible para un tiempo en el que todavía algunos temen -tememos- por las elecciones que hacen -hacemos- en la vida, muchas de ellas tan innatas como nuestro nacimiento. Así que, causa, indicio y seña, directa o indirectamente, Dios cambiará las vidas de las protagonistas de La Llamada de una manera tan sana y única que hará que salgas del cine convertido/a en un/a seguidor/a ferviente de su religión -de la de él o de la de sus directores-.


Mujeres. Mujeres, mujeres, mujeres. La Llamada es una película en femenino, una muestra de que las mujeres todavía tienen mucho que contar dentro del séptimo arte. Belén Cuesta, Gracia Olayo, Macarena García, Anna Castillo y la entrañable María Isabel Díaz hacen de La Llamada lo que es, un diamante en bruto donde la historia se cuenta a través de sus personajes. Una película técnicamente sencilla, reducida a cuatro escenarios clave, en la que los diálogos y su forma de hacerlos llegar al público con personajes como Sor Milagros se convierte en la verdadera maravilla de la película.

Ilustraciones de @soymiguidiaz.

Pausa.

Quiero llorar -estoy a punto-. La cabaña del campamento Brújula acaba de ser testigo de una de las declaraciones de libertad más humildes que he visto nunca. Aplaudo, con el corazón, hacerlo solo con las manos sería insuficiente y carecería de sentido. Gracias. Gracias equipo. Acabáis de terminar de ganarme.

Cuando dudas de si volver a ir a ver #LaLlamada OTRA VEZ.

Una publicación compartida de La Llamada (@lallamadalapeli) el

De Goya, gala, Goya, aplauso y merecido reconocimiento, La Llamada encuentra la receta secreta de su éxito en sus personajes y en la forma tan natural y fluida de enfrentarse a sus “llamadas” facilitando la rápida empatía del público -y de mí- que se rinde -rendimos- a los pies del film en forma de carcajadas y silencios introspectivos más que necesarios para, además de gozar de un rato agradable, aprender un poco más sobre la importancia de ser honestos con nosotros mismos.

Step By Step, Bit by Bit,
Stone By Stone, Brick by Brick
Step By Step, Day By Day, Mile by mile

Quinta butaca izquierda, segunda fila empezando por arriba.

En la pantalla un primer plano de Macarena García que roza lo divino; en el público, la sensación de un polvo bien echado.

Hoy he sentido la llamada con toda la fuerza
las luces apagadas y las piernas abiertas.

De las butacas y en ellas, risas; risas que caminan comentando y comentan mientras caminan porque sí, La llamada es un abrazo, pequeño en su causa, enorme en su consecuencia. Un abrazo necesario para el mundo en el que vivimos y al que, desde luego, Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocen muy bien, queda demostrado.

Ilustración de @muertacarmona


La ilustración de la portada es de @lacacamola.

Esta reseña está dedicada a todos los que habéis sentido

La Llamada como yo, a los que la estáis sintiendo y a los que la sentiréis.

A ti, por valiente.

Y, a ti, por ayudar a los valientes a serlo un poco más.

En definitiva, a todos cuya bandera no se ve, se siente. A los fans del amor.

A la fantasía.

#Lohacemosyyavemos

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