“Y me da igual que seas una chica” ; a propósito de la película “Carmen y Lola”

He vuelto. He vuelto para hablar de una ovación, Carmen y Lola; una ovación al amor, a la diversidad, a la inexperiencia, a la humildad, a la realidad y a la vida. He vuelto porque Haltermag es uno de los lugares más honestos en el mundo que conozco y una película como esta se merecía un discurso a pulmón abierto -como este-.

Cines Navas (Alicante)

Jueves, trece de septiembre. Cinco días después del estreno de Carmen y Lola.

Piso el Navas de Alicante con la ingenuidad del Principito. Qué preciosidad de sala; amplitud, madurez, tránsito. Qué gusto tan grande que un lugar de tales características abrigué una película tan valiente y real como Carmen y Lola.

Y se apagan las luces y, antes del primer fotograma, todos los prejuicios sobre esta película que hay en mi cabeza -inducidos por los medios- y todos los prejuicios que hay en mi corazón -infundidos por la historia, por el tiempo y por las personas- bailan tensos a la espera de ser derrumbados a cada minuto nuevo de metraje.

Comienza la pedida.

Jueves, trece de septiembre. Cinco días después de su estreno, unos noventa minutos -más o menos- después.

La sala del Navas se enciende, mi corazón late despacio sobre un montón de sal. Los recuerdos y las ganas están empapados a partes iguales.

Punto y a parte.

Que me perdonen las asociaciones, las comunidades y/o las etnias pero, las polémicas generadas sobre la película son absurdas. El film acaba de terminar y dentro de mí no hay hueco para el odio, solo para la tristeza. No estoy odiando al pueblo gitano, ni siquiera se me ha pasado ese pensamiento por la cabeza, al menos no a mí. Me siento triste, en exceso, simplemente porque todavía el ser humano, en su conjunto, venga de donde venga, no comprende que el amor no es más que eso, amor. 

Mujer, paya, murciana y ciudadana del mundo. Mujer homosexual, mujer y, también, persona. Una -persona- como otra cualquiera, -una- que lo que acaba de ver ha sido su historia -mi historia-, porque del miedo, la guerra y el amor entendemos todas las culturas de mayor, menor o igual manera. Todo brota en el pecho y sale por la boca.

Martes, dieciocho de septiembre. Once días después del estreno de Carmen y Lola, cinco días después de su visionado. Un día libre en mi vida.

Esta, esta es la parte más sincera de este artículo, la parte que nos conecta a ti, que estás leyendo esto, que has visto la película por un motivo semejante al mío o que la has recibido de una forma semejante a la mía y, a mí, que tengo la necesidad de soplar banderas como Carmen y Lola para que nuevas tierras, libres de fronteras -como tú-, dancen al ritmo del entendimiento, el cariño y el amor.

Tengo casi veintiocho años, vengo del 91: la peonza, las canicas, los patines y los tazos. Vengo de la sociedad de la apariencia y la norma. De la sociedad de los “¡Oh! Un gay. Qué pluma, qué promiscuo, qué vicioso”. “¡Oh! Una pareja de chicas. Bolleras, tortilleras, camioneras, malfolladas. No tenéis pene, no podéis follar.”

Vengo de la sociedad, sin más, de la que te aparta y apalea si eres diferente, de la que por ser mujer espera de ti que te dediques a la casa y que por supuesto desees un hombre, jamás una mujer.

Carmen y Lola

Carmen y Lola por David Rivas (@darife_83)

Vengo del mundo y de una parte de ese mundo se trata Carmen y Lola, de una parte del mundo en la que ser feliz quizá no es tan sencillo, bueno, como si no costase ya de por sí ser feliz en cualquier sitio.

Como relataba; soy paya, no soy gitana, no me he visto de frente con una situación como la de la película de Arantxa Echevarría pero sí hay varios puntos -de ella- en los que, como mujer adolescente que he sido y homosexual, me veo reflejada. Y son esos punto los que hacen que hoy esté aquí, los que hacen que Carmen y Lola sea necesaria, los que hacen que una historia tan real como la que se habla a lo largo de la película merezca ser contada, merezca ser viajada y merezca ser llevada a todos los rincones del mundo para que las “Carmen y Lola” de la calle se sientan comprendidas y para que el resto de personas que rozan, acompañan o comparten círculo con ellas, empaticen, entiendan y profundicen en un tema todavía tan delicado y lleno de prejuicios como es el amar a alguien de tu mismo sexo.

Arantxa Echevarría

Arantxa Echevarría por David Rivas (@darife_83)

Arantxa Echevarría presenta, pieza a pieza, una historia de amor única y especial, en la que la cámara se mueve al pulso y los fotogramas al ritmo de una nariz respirando sobre un ombligo. A degustar sin prisa, delicada y desgarrada a partes iguales y pasional en su esencia. Con un elenco inexperto capaz de dejarte sin respiración en una sola toma. Carmen y Lola sabe a calle y se merece una avenida con todos los semáforos en verde y a cientos y cientos de extras -espectadores- aplaudiendo desde las vallas a todos y cada uno de los miembros del equipo técnico y artístico.

Rozando el estilo documental, Carmen y Lola es una película de paso firme y lento que acaba en mitad de una tormenta de la que es imposible salir ilesa.

Carmen y Lola“Y me da igual que seas una chica” ; a propósito de la película “Carmen y Lola”

He vuelto, he vuelto para hablar de una ovación, Carmen y Lola.

A todos y cada uno de los que la habéis hecho posible.

A todos y cada uno -y una- de los que habéis puesto lo mejor de vosotros.

Gracias.

La gente de la calle, los que corremos de un lado a otro sin que el mundo nos vea, necesitamos parar para conocer estas historias, necesitamos saber que en algún otro lugar alguien nos entiende.

Estés donde estés tú, yo, te entiendo, te apoyo y, si me necesitas, aquí estoy.

Carmen y Lola, una bandera más por la historia de la igualdad dentro del cine.

 

 No sé si te darás cuenta que te estoy diciendo que te quiero. Y me da igual que seas una chica.

Me gustas como para casarme contigo si pudiera.

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