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Joy y las historias reales - Haltermag.com

Joy y las historias reales

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Me fastidia bastante ir al cine y no ver ya esto antes de las películas

Dejando esto claro, y que no sé si me gusta sentirme viejoven al respecto, os cuento que me viene a la cabeza el tema porque esta semana he ido a ver «Joy», de David O. Russell. Y de Jennifer Lawrence, sobre todo de ella, que aunque ni escriba, ni dirija, ni actúe, se hace dueña de la película con una actuación tan espectacular y completa como sutil. Como no quiero incurrir en más spoilers de la cuenta, os dejo el trailer para los que todavía no sabéis más o menos de qué va el argumento:

«Joy» está basada en historia real y se nota. Se nota en que ni todo es alegría ni todo es drama o tragedia. En la trama de la película hay luz y hay oscuridad, y aunque no hay momentos de comicidad palpable, de la de reírse a carcajadas y codazos, si los hay de los de sonrisa interna que al espectador se le puede formar cuando reconoce en alguna escena o algún detalle, aspectos de la propia vida rutinaria y normal por la que cada uno va caminando. Quizá ese vaivén, tan propio de la realidad, hace que el film peque en algún breve momento de decaimiento o monotonía; como la vida misma, y ante una historia normal, contada con un hiperrealismo como el de esta obra, yo sólo puedo quitarme el sombrero y aplaudir. No por estar ante una obra maestra ni cumbre, no por haber disfrutado de una película llamada a convertirse en un clásico del cine. Pero sí por disfrutar por la historia que me cuentan, por ver la vida y el mundo tal y como son reflejados en ella, y por la forma de hacerlo. Por Jennifer Lawrence, por Robert de Niro. Por eso vale la pena gastarse lo que cuesta la entrada; porque te muestren escenas y valores, negativos y positivos, que están ahí, siempre con nosotros, sin darnos cuenta porque se vuelven rutina, pero sin los que no habría vida posible. Por los conflictos internos, por la amistad que siempre está y sabe cuándo tiene que estar con más fuerza que nunca; por plantarse y agarrar un objetivo con los dientes y no soltarlo, digan lo que te digan, por mucho que te zancadilleen. Por un final de redención, pero que no es feliz del todo, porque no existen los finales plenamente felices en la vida de nadie. Nunca. Y por la banda sonora.

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