El Rey Midas en plena forma

Sin lugar a dudas uno de los directores que hicieron enamorarme en mi niñez de esta maravilla llamada cine, fue Steven Spielberg con esas obras maestras del entretenimiento como: Indiana Jones, E.T, ó Parque Jurásico, gracias a ellas me atrevo a decir que no solo yo, sino una generación entera aprendió a soñar y disfrutar con su cine. Por esta razón el director norteamericano me ha marcado hasta tal punto que nunca puedo perderme  cualquiera de las películas que estrena.

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En este caso Spielberg nos sitúa en plena guerra fría cuando un espía soviético, Rudolf Abel (Mark Rylance) es detenido  a manos del FBI en Brooklyn y el encargado de su defensa será James B. Donovan (Tom Hanks) un prestigioso abogado especializado en aseguradoras que deberá de enfrentarse a la opinión pública y de todo el país  para defender el derecho de cualquier persona a tener un juicio justo. Por otro lado conoceremos la historia de Francis Gary Powers (Austin Stowell), un piloto del ejército americano que fue contratado por la CIA para pilotar los aviones espías U-2 por la antigua URSS y que fue derribado y capturado por el ejército soviético en su territorio. Estas dos historias acabaran relacionándose y así creando “El puente de los espías”.

Con un guión de esos genios que son los hermanos Coen y la dirección del Rey Midas estaba claro que tenía que salir una buena película, y en este caso se confirma. Tras sus dos últimos batacazos “Lincoln” y “War Horse” Spielberg vuelve a la senda de auténticas obras maestras como “Munich” o “Salvar al soldado Ryan” y aquí  encontramos a un director en un estado de forma excelente.

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Lo mejor de la cinta son las buenas interpretaciones, en especial la de Tom Hanks que borda ese papel de buen hombre que siempre intenta hacer lo correcto, por cierto cuarta colaboración entre él y Spielberg (La terminal, Salvar al soldado Ryan y Atrápame si puedes). También me quedo con la cuidadísima fotografía y ambientación, marca de la casa del director.

En conclusión, una obra para disfrutar, en especial para los fans de Spielberg y Hanks, con muy buen ritmo, porque pese a sus 135 minutos de metraje la película pasa volando y que seguramente estará en todas las quinielas en la temporada de premios que tenemos a la vuelta de la esquina.

 

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