“Tierra de Sol”, reivindicación en la aventura

En la lista de lecturas pendientes estaba desde hacía casi un año Tierra de Sol, la primera novela de la autora independiente Prado G. Velázquez. Una escritora que conocí al meterme también en el mundo de la autoedición, con la que compartí varios comentarios en redes sociales, con quien conté para aquel artículo que escribiera aquí sobre los escritores autoeditados, y quién publicó, como opera prima, una entretenida y completa novela, que me ha mantenido enganchada estos días atrás.

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Tierra de sol es, o a mí me lo ha parecido, una novela de aventuras. De lectura rápida, escrita con pulso, con una trama hilada a través de un juego de personalidad en los personajes, y con un argumento que poco a poco se va desgranando y clarificando, para acabar presentando no sólo una historia de acción y ambición, sino también un llamamiento crítico con las políticas económicas que rigen las naciones, reflexivo sobre la conveniencia y la pureza de las ideologías y los ideales, y también sobre la ambición del ser humano, los delirios de grandeza, el verdadero sentido de la venganza, y la posibilidad de conseguir la redención.

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La autora, Prado G. Velázquez

Ambientada en México en 1992, Tierra de Sol narra una historia mezclada de mercenarios, guerrilleros, campesinos rendidos y decepcionados ante su destino, búsquedas de tesoros, voluntarios de ONGs extraviados, arqueología, y políticos corruptos que venden el futuro de su nación a grandes acuerdos con corporaciones y potencias extranjeras. Y plantea Prado G. Velázquez, también, el protagonismo absoluto de los personajes femeninos, como torrentes de carácter y como conductoras y protagonistas absolutas de una historia. Ojo, personajes femeninos, mujeres, reales. Nada de adalides de la libertad, la comprensión, los cuidados y el amor al prójimo. No; mujeres con defectos y virtudes (casi más de lo primero que de lo segundo), con debilidades y errores propios de cualquier ser humano, consiguiendo “naturalizar” (ya sabéis que no me gusta la palabra “normalizar”) a los personajes femeninos como humanas, sin más, sin entrar en las tipificaciones buenistas ni en topicazos maléficos que se le suelen atribuir al género femenino. Y aún así, o tal vez precisamente por eso, crea en su novela una narrativa atractiva, que despierta interés sobre qué es lo siguiente que va a pasar y cómo va a desvelarse el misterio, con punch en el uso del ritmo y del vocabulario y que sí, os recomiendo como lectura para estas tardes de verano.

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