“Open beds. An exhibition of the patriarcal rules of love”


6 de septiembre de 2017.

09:23 a.m.

Suena el despertador, es la hora, sí, la hora de peregrinar cámara en mano a L’Almodí de València para descubrir y tropezar, en primera persona, con Julia Navarro, Cristina Cucinella y una serie de desconocidos más que esperan entre los arcos de este, ahora, granero de arte, con sus camas abiertas en lo que supone una invitación formal pero familiar a recostarte en ellas y aprehender o comprender algo más sobre el concepto del matrimonio en esta, la sociedad que nos rodea -aquí, allí y allá-.

Punto de partida: Plaza de la Reina.

No tengo mucha idea de dónde queda el Almodí pero mi GPS dice que cerca y, cuánta razón llevaba.

Atravieso la plaza y bordeo El Micalet por su derecha -calle de la Barchilla- mientras disfruto de la sombra húmeda que todavía guardan los edificios a la temprana posición del sol de las 10.30.

Cruzo el arco de la Barcella con cierto respeto, los umbrales siempre han llamado especialmente mi atención. Salgo a la Plaça de la Almoina, su amplitud y su parecido léxico con Almodí me impacientan, el Almudín no debe andar muy lejos, casi puedo notar la transitoria presencia de Julia Navarro por estos lares.

Open Beds, sí. Open Beds es lo que alcanzo a leer en un cartel vertical gigante que cuelga de una inmensa pared color hueso y la viste de color.

Why did you get married? El silencio, la pared, el tapiz y los fonemas preguntan, preguntan y sigo caminando en busca de la puerta que separa la pregunta de la respuesta. Carrer de L’Almodi girando a la izquierda.

Sigo a una mujer que parece que va conmigo y observo el maravilloso gesto de la rotura del himen ocular de unos ojos que se prestan al descubrimiento de una -esta- exposición.

Cruzamos la puerta -de nuevo- umbral de la inconsciencia a la consciencia. El día se torna tenue, el cielo del Almudín escupe azul y un par de zapatos, de carácter veraniego, se quedan bajo el aviso de que esta exposición se puede y se debe disfrutar con los pies descalzos.

Desnuda, como un soldado sin su escudo, entro sin protección, con el pecho de par en par ofrecido a lo que se presente.

A sendos lados de mis oídos, voces; bajo mis pies, frente a mi cuerpo, una variopinta llanura textil circular que me dan ganas de pisar y piso, con permiso siempre de las mujeres a las que pertenece. Camino en círculos por las historias que se exponen sobre la tela en forma de tinta mientras las voces hablan de violencia, imposición, costumbre y amor a sus hijos y me sitúo en el centro en posición de meditación para hacer un pensamiento por esas mujeres, por esas historias y por los conceptos del pasado que arrastramos en un intento de que cambien y nos conduzcan por senderos de felicidad, de libertad y de libre elección. Algo, entonces, en ese momento, se hace materia a mi alrededor y del pecho despierta un volcán que acaba chorreando lava por mis mejillas. Definitivamente hay obras que se observan con los ojos cerrados.

De los testimonios; dogmas, creencias, imposiciones, comienzos y finales que una o uno ha de sentarse a escuchar para comprender, para empatizar, para relacionar, para compartir, para odiar o para amar.

¿Qué es el matrimonio? Open Beds solo muestra la punta del iceberg de una de las convenciones del ser humano más antiguas. Una ley por encima del amor en la que las palabras de poder recaen sobre nosotros en un acto de permisión voluntaria o involuntaria al que al final nos sometemos por costumbre, por la costumbre del ser humano a jerarquizar, a poseer, pertenecer o, en resumidas cuentas, el “veni, vidi, vinci” conyugal bajo el cual se oculta la presunción de inocencia del amor que quiere tender a infinito.

Open Beds hasta el 15 de octubre en el Almudín de Valencia

 

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