“La luz que no puedes ver”, pero sí quieres leer

Ya comenté que, como a casi todo el mundo, una de las cosas que más me gustaba de la Navidad era regalar y recibir regalos. Justo en ese proceso recibí un ejemplar del último Premio Pulitzer, La luz que no puedes ver, del norteamericano Anthony Doerr. Y he de decir que, desde que el verano pasado leyera Marafariña, de Miriam Beizana, no había leído nada escrito con una sensibilidad tan especial, con tanto cuidado a la hora de describir paisajes y situaciones no sólo desde la parte sensitiva objetiva, sino también desde la sensitiva evocadora; aquella que provoca sentimientos y recuerdos en las personas cuando perciben algo que pasa a su alrededor. Partiendo de ahí, el libro me tiene ganada como lectora.

Después viene la fascinante pasión que los dos personajes en torno a los que gira la historia, la niña francesa, Marie-Laure, y el niño alemán, Werner, van sintiendo conforme avanzan los capítulos por algo en principio tan rutinario, tan asimilado por nosotros, como la existencia (y la magia) de la radio. Pocas veces he leído una descripción de la extraña belleza y el potencial comunicativo que este medio sigue encerrando, como la que continuamente se va desgranando en las páginas de La luz que no puedes ver. Dado que es el medio que, como periodista, a mí más pasión me ha despertado y más me ha hecho disfrutar, con esa línea argumental, en la que también se explica el complejo funcionamiento de ese sistema de comunicación, Anthony Doerr me acaba de ganar.

Anthony-Doerr

El escritor, Anthony Doerr

Este Premio Pulitzer es una historia narrada en torno a dos lugares y dos personajes diferentes, que viven una misma y dura época, la del ascenso del nazismo y la posterior II Guerra Mundial, de forma completamente diferente, y cuyos recorridos les acabarán haciendo coincidir en un mismo lugar, en la pequeña, (y real, y preciosa) ciudad de la Bretaña francesa Saint Malo, donde terminarán por conocerse y por luchar, desde su inocente e inexperta posición, contra la barbarie bélica que les rodea.

Saint-Malo

Saint-Malo en la actualidad

Una excelente documentación sobre la época y sobre los lugares en los que se desarrolla, (París, Saint-Malo, las minas de carbón alemanas, los bosques de Sajonia…), unos personajes bien perfilados (aunque tal vez el de Marie-Laure, para mi gusto, necesitara de más punch para acabar de cautivar al lector como sí lo hace el del joven soldado Werner), y unas subtramas como la fascinación por la radiofonía, la locura humana o la búsqueda y salvaguarda de una peligrosa piedra preciosa, acaban tejiendo entre ellas, y simbolizando, una original historia sobre la lucha por la supervivencia en tiempos de guerra y brutalidad; de supervivencia meramente física e instintiva, pero también de supervivencia moral. La luz que no puedes ver se convierte en un relato, duro y tierno a la par, sobre la búsqueda de la luz y del lugar de uno mismo en el mundo interior y en el exterior, cuando ambos se han convertido en paisajes inhóspitos, crueles y violentos. La luz que no puedes ver es una novela que sí queréis, y debéis, leer.

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