“Dios ha hecho los alimentos, y el diablo la sal y las salsas”

 

Esta frase de James Joyce inspira hoy este artículo. Ya que la sal, la sal de la vida, es tan necesaria como peligrosa en su exceso, tanto que se considera adictiva. Estudios de expertos avalan esta teoría, pero seguro que todos podemos recurrir a la propia experiencia para dar fe de ello.
¡Pongamos nombre al enemigo! La sal contiene sodio, y es este, el responsable de los problemas que derivan de su abuso: hipertensión arterial, retención de líquidos e insuficiencia renal son algunas de las patologías asociadas.
¡Pero alto!  No todo pasa por el destierro del salero ¿sabes lo que es la sal oculta? El sodio esta presente en muchos alimentos como embutidos, snacks comerciales, precocinados, caldos concentrados y, también, en alimentos dulces. Muchos de los alimentos con alto contenido en sodio no son necesariamente salados. La sal, además de ser un excelente conservante, es también un estupendo potenciador del sabor y tiene la propiedad de, por ejemplo, hacer que lo dulce sea aún más dulce.
Si quieres empezar a controlar la ingesta de sal, es una buena idea leer las etiquetas de información nutricional y descubrir las cantidades que cada alimento aporta, quizás te sorprendas al leer la de tu caja de galletas. Ten en cuenta que aditivos tan comunes como el glutamato monosodico suponen también una gran fuente de este mineral.
¡Educa tu paladar! Con el tiempo perdemos la percepción del sabor salado, de manera que si estamos acostumbrados a platos con mucha presencia de este ingrediente, cada vez necesitaremos más para llegar a nuestro umbral de satisfacción. Por el contrario, si paulatinamente reducimos su consumo adicional y aprendemos a disfrutar de los sabores propios de cada alimento, llegaríamos a prescindir de su uso.
Conclusión: ¡Moderación! El sodio es necesario en nuestra dieta. Participa en la transmisión nerviosa, el correcto funcionamiento de los músculos y forma parte de los huesos. Podemos cubrir las necesidades establecidas con el sodio presente en los alimentos de forma natural, así que, busquemos alternativas para alegrar nuestros platos. Los ácidos como: el vinagre, lima o limón, pueden ser un excelente aliado en el aderezo de las ensaladas. Las especias pueden ser una estupenda compañía para las carnes, y la cebolla y el ajo pueden darle un toque especial a tus platos de pescado. Anímate y aromatiza tu aceite dejando macerar, por ejemplo, guindillas, y dale un puntito de picante a tus platos.
¡Busca tu sabor!

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