El Antivlog y Haltermag se van de boda

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Desde este momento, tras ver Me caso -último capítulo del Antivlog-, yo, Acto Paulson, como desastre natural, te prometo a ti, antivlogger, honrarte cada nuevo capítulo, animarte y aplaudirte desde casa con “la fuerza de los mares y el ímpetu del viento” y apoyarte durante tu ciber caminar.

Cuando la conexión a Internet se haga difícil, prometo buscar otras formas de llegar a ti y cuando esté perdida prometo trabajar en tus consejos y siempre hacer de tus vídeos una prioridad en mi vida.

Este es mi solemne voto y así será hasta que Flooxer o la Wi-Fi nos separe.

Tropiezo, yacimiento y revelación.

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Y aquí es donde nos encontramos Frida, Celia, yo y esta mágica idea del Antivlog, uno de esos hallazgos 2.0. por los que merece la pena remover las arenas de InternetMe caso, el culpable de que esté hoy aquí escribiendo esto, es uno de los últimos capítulos de esta especie de vídeo-diario anti tendencia llamado Antivlog, una serie de píldoras quincenales de entre diez y quince minutos que, de forma cómica, parodian el mundo blogger/vlogger a través de, como describe la artífice en su página web: <<un grito ecléctico>>. Y rugido armónico o no, lo cierto es que el Antivlog nos ofrece una perspectiva de la realidad diferente a la que nos tienen acostumbrados los mercados, una realidad que engancha y que se sitúa más bien lejos del glamour y el <<postureo>> habitual.

A la culpable de semejante obra de arte, Celia de Molina; mujer, actriz, fabricante de ajuares, descendiente de Pippi Langstrump y, también, habitante de Flooxer, desde que la plataforma digital de vídeo corto de Atresmedia se hiciese con los derechos del Antivlog, la acompañan y dirigen; el actor, Ignacio Mateos, y el guionista y director, Javier Giner, dos hombres que representan la prueba fehaciente de que el sexo masculino también puede ser feminista.

Celia de Molina

Dardo, centro y diana.

Del Antivlog dicen los medios que el éxito se debe a su salida de lo tradicional, yo, sinceramente, no creo que se trate de ello sino más bien de lo contrario, de llegar a lo ordinario, de quitar las cortinas de humo en las que nos escudamos tras las redes y volver a la esencia de uno mismo a.C.I”, antes del capitalismo de la imagen.

Cuando me topé por casualidad con el capítulo Me caso del Antivlog lo que encontré fue un espejo, un espejo cuyo reflejo me ofrecía una parte de mí y de cómo siento la vida que no estoy acostumbrada a ver en Internet y, sobre todo, una mujer que, lejos del cliché de “voy en contra, tengo éxito, qué rebelde soy”, hablaba de otras mujeres con el cariño, la simpatía y la realidad con la que lo hacía Celia de Molina.

Camino, bandera y escalón.

Después de seguir disfrutando del resto de cápsulas del Antivlog puedo decir que sí, Celia de Molina y su equipo son necesarios. Sus ideas, sus planteamientos, su forma de plasmarlo en imágenes y los verdaderos ideales que representan merecen un hueco, y uno mayor al que ya tienen.

Celia de Molina va más allá de lo jocoso y del me “río de la perfección y voy a lo absurdo” para mostrar, en episodios como “Cómo sobar a un tío”, que lo realmente absurdo es permitir que el machismo siga latente en la actualidad con tutoriales que denigran a la mujer como los que hay en el mundo Youtube o con hechos físicos -fuera del mundo 2.0.- que por antiguos o usuales consideramos normales o permisibles.

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La comedia es una de las formas más sinceras que tiene el ser humano de expresarse desde que además existe la ironía, por ello es justo que confiemos en ella, también, para las batallas de igualdad que todavía nos quedan por librar.

Los medios dicen que el papel de Celia en El Antivlog es su interpretación más irreverente pero, ¿el irreverente no será el mundo que parodia, crítica, satiriza y encarna, episodio a episodio, Celia?

Reverencias a parte, ahora sí, te invito a que hagas click y conozcas personalmente la historia completa del Antivlog. 

Antivloggers, ¿os venís?

A la memoria de la primera antivlogger que conocí,

mi abuela Pepita.

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